31 marzo 2007

De preposiciones olvidadas

Hay una preposición que ha caído en desuso, pero no por eso ha dejado de existir. Yo hoy la rescato y te la traigo a la memoria recitando de carrerilla la lista de preposiciones hasta llegar a ella: “a-ante-cabe”, y aquí me quedo: cabe, que significa cerca de, junto a.

Haciendo uso de esta preposición, a la pregunta:

-¿Dónde está la máquina de tabaco?,

el camarero puede responder:

-Cabe la puerta de los servicios.

Y haciendo uso de esta preposición, a la pregunta:

-¿Dónde se quedaron las famosas facturas del Ministerio?,

el investigador puede responder:

-Cabe Zaplana.

Comentarios periódicos

Que digo yo que tiene que haber gente currando a diestro y siniestro en eso, o sea, tipos que se pasan diez o doce horas sentados delante del ordenador, moviéndose por internet de un periódico a otro, revisando todas las noticias relativas a política, digo yo, y dedicándose a dejar comentarios a favor de su partido y en contra del otro; es que casi los veo, ahí sentados, con la mano en el ratón el ochenta por cierto del tiempo, y con un repertorio inmenso pero poco variado de comentarios en un archivo word para inundar las noticias políticas con sus comentarios prefabricados, copiando y pegando, rellenando los campos del nombre, la dirección de correo y los numeritos: los numeritos les resultarán especialmente pesados, porque el nombre y la dirección también se pueden copiar y pegar de un repertorio igualmente inmenso, ctrl+c y ctrl+v, un juego fácil de dedos, pero los numeritos... Digo yo que se cagarán en los muertos de los numeritos, porque esos sí que hay que escribirlos de uno en uno, y para escribirlos tienen que soltar el ratón y darle con el índice al teclado, aunque digo yo que alguna vez le darán con la fuerza del corazón, o sea, con el dedo corazón bien extendido y el resto de dedos cerrados porque ya estarán hasta los mismísimos de darle a los numeritos, digo yo, pero sólo es un decir conspiranoico.

Piñas

Las piñas caídas de los pinos, aun muertas, tienen una vida peculiar. La comprobación de esta aparente contradicción es sencilla: sólo hay que seguir la serie de pasos que a continuación describo.

En primer lugar, se cogen varias piñas abiertas y secas: debajo de cualquier pino encontraremos piñas dispuestas a ser sometidas a nuestra investigación.

En segundo lugar, se introducen en un cubo de agua con la intención exclusiva de que se despojen un poco del polvo que las cubre. La intención es esencial: si la operación se realiza con cualquier otra intención, es muy probable que el intento fracase. En mi caso, la intención fue únicamente ésa: sólo quería limpiar las piñas un poco para echárselas a mis jerbos, que las roerían hasta dejarlas convertidas en minúsculas astillas, serrín abundante, difunta madera.

También es importante dejar las piñas a solas. En caso de que se sientan observadas, es probable que no muevan un dedo.

Al cabo de varias horas, no sabría decir cuántas, pero sí puedo afirmar que yo regresé a las cuatro y ya fueron suficientes, volvemos. Si miramos en el cubo, veremos que las piñas que antes estaban abiertas, ahora están cerradas, compactas, apretadas, impenetrables.

¿Qué ha ocurrido? ¿Acaso tenían frío las piñas? ¿Por qué se han cerrado? ¿No estaban secas y muertas? ¿Cómo, entonces, han podido encogerse, plegarse, cerrarse?

Yo no sabría responder a estas preguntas, aunque continúo con este experimento iniciado casualmente: he dejado las piñas en el balcón a la espera de que les dé el sol, a ver si se broncean y vuelven a abrirse. Mantengo, eso sí, la persiana bajada para que no se sientan espiadas y puedan actuar con total naturalidad. De la misma manera, mi intención no es experimentar: sólo pretendo que mis jerbos las puedan roer.

*En la fotografía de arriba, una piña que sólo fue lavada por encima con un chorro de agua, sin sumergirla durante horas en un cubo, y que mis jerbos ya han empezado a roer.

Actualización doce horas después. Aun expuestas al sol, las piñas no se han abierto. El misterio sigue siendo impenetrable:

Actualización cinco días después. Expuestas al sol, las piñas ya se han abierto. El misterio, aparentemente resuelto, sigue siendo insondable:

30 marzo 2007

Orson Cafrune

No tengo yo por costumbre ir recomendando blogs, pero ha llegado la hora de hacer una excepción que anule la regla. El descubrimiento del blog que voy a recomendar tuvo lugar mientras buscaba blogs cuyo nombre contuviese el término ‘delirio’; encontré varios, como se puede observar en la columna de la derecha, debajo del contador de visitas, donde he puesto enlaces a varios, a los que estoy echando un vistazo.

De todos esos, hay uno que me ha gustado especialmente: Cafrunísticos y deliraciones, lugar en el que Orson Cafrune habla, pero el lector habrá de tener en cuenta que cuando Orson Cafrune habla,

“dice, no dictamina... y sepa que decir por decir no tiene nada de malo, al contrario... ¿qué importa si lo que digo hoy contradice lo que dije ayer? Por falta de medios de validación uno se perdería de decir cosas tan extraordinarias... ya alguien se ocupará de fundamentarnos... la palabra no requiere justificación ni base empírica, la palabra necesita simplemente ser expresada y que cada cual la interprete a gusto y piacere... que otros opten por el silencio y la cautela... antes de atragantarme con una burrada prefiero toserla hasta escupirla al mundo completamente cubierta por la flema de mi ignorancia y de mi libre albedrío... si digo lo que digo, lo digo por una cuestión lírico genital, quiero decir que porque se me cantan la pelotas, y esa es razón suficiente para mí...”.

Los cafrunísticos son las conversaciones que Cafrune mantiene con otros tipos; por lo que llevo leído hasta ahora giran en torno al cine, y son bastante... interesantes: ¿a quién, si no, se le habría podido ocurrir la idea de que dos locutores de fútbol radiasen una película de cine mudo? ¿Por qué nadie ha llevado a la práctica esta idea?

Las deliraciones son... dignas de leer. Y como son breves, te puedes leer una mientras que se cierra el mozilla: desde que le das a la cruz de arriba a la derecha hasta que la ventana se cierra, te da tiempo a leerte una, y en caso de que no, te quedarás con las ganas de saber cómo acaba, o cómo empieza. De momento hay 99 deliraciones, yo voy por la 33, que también es casualidad numérica, pero espero que cuando llegue a la 99 ya esté la 100, y en caso de que esté la 100 estará también la 124, lo que es algo incómodo de creer, pero qué duda cabe de la veracidad de dicha afirmación.

Orson Cafrune es una criatura de Matías Brasca y Mario Pozzo.

Homófonos

Yo estaba de pie tomando un café, leyendo un libro que mantenía apretado contra la barra de mármol, evitando moverlo lo más mínimo porque justo lo había puesto en un hueco cercado por manchas de café y cientos de granos de azúcar, de modo que estaba más pendiente de no manchar el libro que de las letras que tenía impresas y que yo pretendía, inicialmente, leer mientras me tomaba el café.

A mi derecha, dos tipos charlaban acerca de un tercero que, según le comentaba el primero al segundo, estaba totalmente en contra de los matrimonios entre homosexuales.

Cuando el segundo le preguntó al primero que por qué este tercero se oponía a dicha clase de casamiento, el primero respondió que el tercero alegaba razones religiosas, terminológicas y lingüísticas:

-Pero todo eso lo dice sólo en público -agregó en voz baja-: a los que somos sus amigos nos dice que está en contra porque es homófono, y tengo que reconocer que yo también soy un poco homófono.

29 marzo 2007

De cómo me encontré conmigo sobre el papel

Ayer estuve todo el día en La Merced, por la biblioteca, la sala de estudio, la cantina y el patio. Sobre las cinco y media de la tarde ya me había leído los diversos periódicos gratuitos que encontré al alcance de mi mano: veinte minutos, crónica, línea y el nuevo, qué!, lo que no quiere decir que estuviera más de media hora leyendo los cuatro periódicos, porque da la impresión de que todos tienen las mismas fuentes: sus noticias se repiten hasta la saciedad, aunque no me sorprende: pasa lo mismo con los telediarios. Lo único que cambia es el matiz, la tendencia hacia uno u otro lado. Otro aspecto, además del de la repetición, a tener en cuenta para comprender esta rapidez lectora es que salto las páginas dedicadas a los deportes: yo practico el de saltar esa sección, y a veces el salto es tan largo que aterrizo en la última página.

A eso de las seis menos cuarto me senté en un banco para esperar que pasara un cuarto de hora: me puse cómodo para leer las últimas páginas del Quijote (¡el libro más triste del mundo!), pero doblado sobre el banco estaba La Chuleta, así que pensé que sería mejor retrasar unas horas el final de Don Quijote y empecé a hojear el periódico, y en ese justo momento me extrañó que, siendo miércoles, y siendo los miércoles cuando lo reparten, no hubiese llegado a mis manos hasta ese momento. Así fue como me encontré conmigo sobre el papel, en la reseña que hace Diego Sevilla todas las semanas de los blogs del Planet Murcia:

Don Quijote

He vuelto a leer Don Quijote de la Mancha.

La vez anterior me reí mucho con las aventuras y desventuras de este sin par caballero, flor y nata de los andantes.

Esta vez, sin embargo, me ha resultado el libro más triste del mundo.

28 marzo 2007

Segurardina

Ante la falibilidad (que nada tiene que ver con ‘calidad de falo’, sino de falible) de nuestras fuentes, nos vemos obligados o corregir la noticia que en falsa exclusiva ofrecíamos el pasado 23 de marzo, fecha en la que decíamos que iban a construir dentro del Río Segura una microurbanización.

Las obras que se contemplan en el Río tienen por finalidad erigir un monumento a la Sardina. Sin embargo, bien podrían haber elegido otro animal para erigirle un monumento, pues en esta ciudad son muchos los animales que viven cerca del ciudadano: pensemos, por ejemplo, en las ratas del río, famosas por su tamaño y voracidad omnívora; pensemos en los patos que custodian las aguas putrefactas del Río Segura; pensemos en los murciélagos que dormitan bajo los diversos puentes que unen El Carmen y El Infante con el resto de Murcia y que por las noches ingieren considerables cantidades de mosquitos, otro animal al que se le podría hacer un monumento, por no hablar de otros animales que corretean incluso por el mismísimo Ayuntamiento: nos referimos a nuestras queridas cucarachas.

A pesar de tan atractivas alternativas, los decididores han elegido erigir el monumento a la Sardina, emblema pagano de la fiesta en la que los idólatras habitantes de esta ciudad y sus contornos se martirizan el hígado y los pulmones para celebrar la victoria de la carne sobre el espíritu.

27 marzo 2007

Carril bici, no: una razón en dos partes

Por fin puedo decir, tras mucho cavilar y más dormir, la razón incontrovertida por la cual en esta ciudad, al igual que en muchas otras, no se hará jamás un carril bici para que el común de los ciudadanos pueda ir a su trabajo cabalgando ese vehículo de dos ruedas, dos pedales, un manillar, un asiento (el asiento es fundamental, señores), una cadena y cero depósitos de gasolina.

La razón no es otra, digo yo, que la presión que ejercen, por una parte, las empresas que se dedican a la venta de coches, digo yo, porque en caso de que fuese posible circular por la ciudad en bicicleta con una seguridad, digamos, igual al cien por cien, no todas las familias, o al menos no el setenta y siete coma siete por ciento de las familias, tendrían dos coches, que son los que necesitan papá y mamá para ir a trabajar, digo yo, porque en todas las familias, o al menos en el mismo porcentaje antes alegado, papá y mamá trabajan en sitios distintos, creo yo. Sobraría con un coche para los desplazamientos de kilometraje considerable, pero seamos sinceros: ¿cogeríamos el coche si pudiésemos ir de una punta a otra de la ciudad en bicicleta, con este sol que nos ilumina los días y las noches? A esta parte de la razón hay que sumarle el negocio que deriva de otros colindantes como empresas aseguradoras, construcción de aparcamientos con las consiguientes adjudicaciones de obra, grandes movimientos de dinero, en definitiva.

Por otra parte, y ésta es, digo yo, la parte más importante de la razón, la presión que ejercen las empresas que se dedican a la venta de carburante, porque en caso de que fuese posible circular por la ciudad sin gastar ni un céntimo (¡ni un mísero céntimo!) en combustible, estas empresas del petróleo y sus derivados verían disminuidos en una parte considerable sus ingresos, digo yo, y la décima parte de ambiente que nos queda, porque por mucho que digan que nos queda medio mienten: con tantos años de contaminación es imposible que nos siga quedando el mismo que había desde el comienzo de la existencia la Tierra, donde ya sólo quedaba medio; que digo que la décima parte que nos queda se conservaría mejor, quizá incluso rejuvenecería, digo yo, pero, vamos, es un decir conspiranoico.

Palabras inexistentes

El diccionario a veces nos limita, nos constriñe. En sus entrañas no caben todas las posibilidades que nos ofrecen la lengua y el olfato.

Se nos viene a la mente una palabra, dudamos de su existencia (¡dudamos de su existencia!) y recurrimos al diccionario, pero no la encontramos, no aparece por ningún sitio. La palabra no está. ¿Acaso no existe? Sin duda, existe, pues la hemos pensado, y ya se sabe: “pienso, luego existo”, de donde deducimos que existe porque la pensamos.

Inmediatamente después nos planteamos: ¿Existiría si no la hubiéramos pensado? Sin duda, existiría, pues alguien la habrá pensado, y en caso de que nadie la haya pensado, ya la pensará alguien. Eso sí: como nadie la haya pensado y nadie la piense, no existirá: será una palabra inexistente.

Por ejemplo: se me viene a la lengua la palabra ‘noctífago’, dudo de su existencia (¡dudo de su existencia!) y recurro al diccionario: no la encuentro, etcétera.

También pienso si existiría en caso de que no la hubiera pensado, y recurro a google: la encuentro: al menos dos personas habían pensado la palabra noctífago. Voy más allá y la derivo: noctífagos (3), noctífaga (1), noctífagas (0).

No puedo, sin embargo, ofrecer un ejemplo de palabra inexistente: en cuanto la dijese, comenzaría a existir.

25 marzo 2007

Monogamia civilizadora

En el Antiguo Testamento, los patriarcas bíblicos practicaban la poligamia, y San Agustín inicialmente los defendió, alegando necesidades de reproducción y perpetuación de la especie, aunque más tarde cambió de idea. La Iglesia Católica la condena.

Para Lutero, la Biblia no se oponía a la poligamia, pero él le aconsejaba a un amigo suyo que la practicaba que fuese discreto. Calvino la condenó.

Unos cuantos mormones, alrededor de treinta mil, la practican.

La literatura judía clásica evidencia que estaba permitida, pero hoy en día se rechaza, a pesar de lo cual hay algunos que la practican.

En el islamismo la poligamia abunda, sobre todo en ciertos países árabes.

En el hinduismo, la poligamia es una práctica que viene de tiempos remotos, aunque a día de hoy, curiosamente, esté prohibida en la India para los hindúes, y permitida para los musulmanes.

Los hunos practicaron la poligamia: primero la poliandria y después la poliginia.

Antes de que el budismo llegase a Asia Central, la poligamia era de lo más normal en zonas como Tibet, Hindu Kush y otras cercanas.

Fue algo habitual en las tribus indias norteamericanas, al igual que en parte de África.

En definitiva, el proceso civilizador es decididamente monógamo.

Egoísmo

Desde que existe la llamada conciencia de autor, pocos escritores ha habido tan altruistas que hayan publicado sus textos como anónimos.

Quizá debido a que ya empezaba a haber escritores tan perezosos que tomaban los anónimos y los publicaban como propios.

24 marzo 2007

Janis

Lectura vertical

Las bibliotecas tienen una vida cuanto menos misteriosa. Sus itinerarios se prolongan como un fenómeno orquestal, complejo. Cuando nos sumergimos en sus estómagos, las estanterías de libros nos acosan, nos sitian, nos asedian. Los volúmenes nos incitan a estirar los ojos y a leer sobre sus lomos autores y títulos.

Esta acción mínima, el hecho de realizar la lectura vertical, provoca una tormenta de pensamientos minúsculos e instantáneos que levantan en la mente una cortina de asociaciones de todo tipo, lógicas e inverosímiles, mientras no dejamos de practicar ese placentero arte de la lectura vertical, lateral, instintiva, leyendo más títulos y nombres que se enredan con los anteriores y nos transportan a otros lugares, a otras épocas.

Nuestros ojos tienden a imitar el movimiento de la cabeza de los canarios, al igual que la nuestra propia, y a pesar de que intentamos contenerla, nuestro cuello ejecuta giros de acróbata espontáneo.

Nuestros dedos son atraídos por el espinazo de los libros, y no se quedan tranquilos hasta que sus yemas adquieren, enamoradas, el color de la ceniza.

Cuando salimos de la biblioteca, sólo son palabras de otros la pobre limosna que nos dejan las horas y los siglos que hemos pasado practicando la lectura vertical sobre las paredes y los muros del laberinto.

23 marzo 2007

Seguralandia

En Dubai están construyendo a destajo, a diestro y siniestro: Dubailand. Tanto construyen que la tierra se les queda pequeña, de modo que han invadido el mar, donde han levantado hoteles, macrourbanizaciones, ciudades. Aquí hay un reportaje fotográfico completo, y aquí una vista panorámica:

A imitación de Dubai, en Murcia, dado que las vocales de las dos ciudades son las mismas, van a hacer lo mismo, pero no invadiendo el mar, sino el Río Segura. Entre el Puente de los Peligros y la Pasarela se va a levantar una microurbanización, según fuentes cercanas al delirio. Aquí una fotografía tomada con alevosía y vespertinidad:

22 marzo 2007

Elástico, flexible

A veces necesitaría ser más elástico, tener un cuerpo más flexible, unos miembros capaces de un mayor estiramiento. No me refiero al hecho de tocar el suelo con las palmas de las manos sin doblar las rodillas: me refiero a la necesidad de estirar los brazos y tocar el techo con los codos, notar cómo se extienden mis tendones, sentir el crujir de los huesos: los omóplatos desplegándose como alas y las vértebras alargándose como el cuello de una jirafa.

Estirarme, ser más elástico. Echar una pierna hacia delante y no andar un paso, sino cruzar la calle de un solo paso. No me refiero a ser de goma, de chicle, de plástico: me refiero a estirarme: dejar suspensas durante unos segundos las uniones de los huesos de mis brazos y tocar, sentado en el sillón, las cuatro paredes de la habitación con las palmas de las manos.

Extenderme, ser más flexible. Cuando abro la mano y estiro los dedos, necesito que éstos continúen estirándose al margen de mi mano, que se prolonguen imitando la fisionomía de las garras de Lobezno. Mi propio rostro me reclama esta capacidad de la que carezco: cuando bostezo, mis labios, mi lengua, exigen expandirse, deshacer las formas de mi cara y besar el cielo, lamer nubes, comer tierra.

Sin embargo, no puedo, por más que lo intento. De momento me conformo con ver de forma paralela cómo toco el techo con los codos, cómo cruzo la calle de una zancada, cómo me como el cosmos de un bostezo.

21 marzo 2007

Cuadrilátero en la Carpa de Santo Domingo

No suelo escribir acerca de este tipo de eventos, pero hoy haré una excepción. He asistido a un par de mesas redondas esta tarde, una a las 18:00 y otra a las 20:00 h., en la Carpa que han instalado en Santo Domingo. Se trataba del teatro.

También se trataba del frío, porque llegó un momento en que mis pies dejaron de ser míos y empezaron a formar parte de la fría losa enmoquetada, y no era algo que me afectase a mí en exclusiva: todos los asistentes tenían puestos los abrigos: desde el fondo de la carpa, las sillas parecían percheros.

En la primera mesa redonda se ha elogiado el desusado arte de leer teatro, aunque creo que no era necesario tal elogio ante el auditorio allí congregado: los que hemos ido ya lo leemos, pero la intención es lo que cuenta.

La segunda mesa redonda era la que más prometía: tres dramaturgas han venido a hablar sobre su obra y su trayectoria en el mundo del teatro: Carmen Resino, Paloma Pedrero y Antonia Bueno. No voy yo a reproducir lo que han dicho, pero sí quiero destacar los últimos cinco minutos del encuentro, que han sido los que, sin duda, más interés han levantado en el público, porque la mesa redonda se ha convertido en un cuadrilátero.

Paloma Pedrero ha respondido a una pregunta del auditorio, considerando que la culpa del pequeño papel de la mujer en el teatro se debe al predominio del hombre, o algo así: los jurados de los premios están compuestos por hombres, y éstos prefieren una obra dramática sobre dos soldados antes que una obra dramática sobre la maternidad [pero pensaba yo: ¿De qué trata Yerma, de García Lorca?], y que prefieren llamar a un amigo para representar antes que a una mujer, porque los hombres, ha venido a decir, se cubren las espaldas, son muy colegas entre ellos.

Ante esta opinión, Carmen Resino ha disentido: si la mujer no tiene éxito en el teatro se debe a que todo depende de que tengas amigos en el poder, y si no los tienes, no representas. Ha añadido que ella es autora teatral, le gusta escribir, y a eso dedica su tiempo, y no a ir detrás de la gente para organizar representaciones.

Viendo lo que se avecinaba, la Profesora Virtudes Serrano, ejerciendo su papel de moderadora, ha intentado mediar en la disputa ofreciendo datos acerca de la ausencia de las dramaturgas en los manuales de Literatura, a pesar de que vienen estrenando sus obras desde los años veinte más o menos ininterrumpidamente. Sin embargo, el debate ha seguido un poquito más.

Paloma ha rebatido: que ella no tiene amigos en el poder y que estrena, y que, además, también están los teatros privados…

Y Carmen: sí, pero los teatros privados funcionan con subvenciones, y ningún empresario mueve un dedo si no tiene la subvención… Y que ella, a diferencia de Paloma, no tiene un promotor que mueva la maquinaria que hace falta para llegar a las tablas.

Los aplausos del público, todo hay que decirlo, se los ha llevado Carmen.

Ha sido un pequeño rifirrafe entre dos dramaturgas que ha hecho que mis pies entrasen en calor, lo que ha permitido que ellos se reintegrasen en mi cuerpo y que yo pudiera echar a andar en busca de una estufa.

P.D.: Siento no poder transcribir las palabras exactas de las autoras. He observado que había varios estudiantes tomando notas: si alguno lee esto y le interesa, me las puede pasar y rescribo el combate dialéctico.

Vecinos: clasificación

En función de sus usos salutatorios, podemos establecer tres tipos o clases de vecinos:

A) Vecino lógico: el que te saluda tanto dentro como fuera del edificio. Da igual que te lo cruces a las ocho y media de la mañana saliendo por la portería o que te lo cruces a las siete de la tarde por la Gran Vía. Este vecino te saluda.

B) Vecino ilógico: el que te saluda sólo dentro del edificio. Este espécimen de vecino es un tanto extraño, porque dentro del edificio te saluda, incluso con cierta efusividad, pero si te encuentras con él por la calle te ignorará. Puedes pensar: “A lo mejor no me ha visto”, pero cuando ya son muchas las veces que no te ha visto empiezas a pensar: “Será que no quiere verme”.

Sin embargo, no es nada personal: tras consultarlo con otros vecinos con los que tienes más confianza, descubres que a ellos les sucede lo mismo, así que no hay que tomárselo a pecho: es así de raro. El edificio es para él como un universo autónomo y autárquico, y una vez que sale de él entra en otro universo que no tiene nada que ver con el anterior: cualquier parecido entre universos será mera casualidad cósmica.

A mí me gusta vulnerar las leyes que rigen esos dos universos suyos, y me dedico a saludar en un tono de voz elevado a este tipo de vecinos cuando me los cruzo por la calle.

C) Vecino alógico: el que no te saluda, ni dentro ni fuera del edificio. Es éste un caso excepcional, rara vez visto. Yo, sin embargo, tengo la suerte, la fortuna, el privilegio, de tener uno de estos ejemplares dentro de los límites de mi edificio. Al principio lo saludaba, y me daba igual que él no lo hiciese: tenía la confianza de que terminaría por saludar pero, tras varios años, aún no me ha devuelto el saludo. Ya he desistido: me hastía su monotonía. No lo saludo; tampoco lo ignoro: lo omito.

Sin embargo, tampoco es nada personal: he hablado con otros vecinos y les sucede lo mismo: jamás les ha saludado, ni dentro ni fuera del edificio. En contra de lo que se pueda pensar, este vecino tiene mujer y dos hijos, incluso tuvo un perro.

Moraleja: cuando algo no es una cuestión personal, es una cuestión de educación. Siempre he dicho que saludar es gratis: sólo nos cuesta un pequeño esfuerzo articulatorio en nuestro aparato fonador, lo que suena complicado, pero es tan fácil como decir "ola", porque la hache no la pronunciamos.

20 marzo 2007

Diferencia de número

En nuestra tradición encontramos dos tipos fundamentales de letanías. Unas son las Letanías de la Virgen; otras, las Letanías de Satán. En las primeras el orador le pide a la Virgen que ruegue por nosotros; en las segundas el orador le pide a Satán que tenga piedad de su larga miseria.

Las primeras tienen un autor colectivo, se han ido forjando a lo largo de la historia, si bien fue en el Vaticano donde se le dio forma definitiva al texto; las segundas tienen un autor singular, único e irrepetible, desgarrado por el tedio, por el hastío: Charles Baudelaire.

Quizá por eso las primeras sean una súplica en plural y, por tanto, impersonal, diluida, y las segundas sean una súplica en singular y, por tanto, personal, compacta.

Ora pro nobis --- vs. --- Prends pitié de ma longue misère!

[Ruega por nosotros --- vs. --- Ten piedad de mi larga miseria]


‘Nosotros’ frente a ‘yo’. El contraste entre las dos letanías nos vuelve a mostrar la configuración del eterno enfrentamiento entre la sociedad y el individuo.

*A modo de píloro, apéndice o epílogo, añadiré que en las Letanías de la Virgen se ruega a ésta para que interceda ante Dios por nosotros, mientras que en las Letanías de Satán se ruega a éste directamente, sin intermediarios, de donde se puede extraer una consideración acerca de las distintas concepciones políticas subyacentes: lo mediato frente a lo inmediato nos lleva a la oposición entre una democracia indirecta y una democracia directa.


Envidia 2

Cuarenta y tres años antes de que naciera Jesucristo, un día como hoy, vino al mundo Ovidio, del que ya dijimos que murió cuando aquél era aún un adolescente con acné y cuatro pelos en la cara. También dijimos que Ovidio escribió Las metamorfosis.

Hoy haremos un repaso de la de Níobe, actualizando, eso sí, tiempos, lugares y circunstancias, pero no motivos, que permanecen.

Digamos que Níobe es vecina de Leto y ambas son mujeres de renombre en el pueblo, mujeres importantes: Níobe es hija de Tántalo, famoso funcionario fugitivo, pero es que Leto la supera en fama, dado que su padre es Zeus, alcalde absoluto, y por eso mismo se le tributan honores: ¿en qué pueblo no miman a la hija del alcalde?

Sin embargo, Leto sólo tiene dos hijos, Apolo y Artemisa, mientras que Níobe tiene catorce, siete hijos y siete hijas, así que, envidiosa de los privilegios de que goza Leto, se burla de ella porque la supera en progenie y descendencia, y propone que los honores se le rindan a ella, y no a Leto.

Estas burlas de Níobe tocan las fibras sensibles de los hijos de Leto: enfadados, iracundos, Apolo y Artemisa asesinan a casi todos los hijos de Níobe. Apolo mata a seis hijos; Artemisa, a seis hijas. Sólo quedan vivos Amiclas y Melibea.

De esta forma, Níobe se queda con un hijo y una hija, igual que Leto. Empate. Pero un empate transitorio, pues Amiclas, que sale a buscar venganza, también muere.

Resultado final: Leto 2 - Níobe 1.

Entonces llega el dolor tremendo e incontenible que comienza a sufrir Níobe debido a la pérdida de sus hijos. Si apenas podemos describir el sufrimiento infinito de una madre que pierde a un hijo, ¿cómo es posible describir el dolor incalculable de una madre que pierde a trece hijos?

Es, no obstante, posible. La metáfora, el mito nos ofrece una imagen que nos comunica lo indecible: Níobe, llorando, arrodillada junto a los cadáveres de sus hijos, le pide a Zeus que la convirta en piedra, y así se le concede: Níobe se transforma en una roca de la que emana agua.

Acordaos de ella cuando veáis una fuente, un manantial. E imaginad su dolor.

19 marzo 2007

Encuesta

¿Qué diez libros te llevarías a una isla desierta donde vas a pasar, solo, el resto de tu vida?

[Tienes cinco segundos para responder, tres,

dos, uno... Tiempo]

a) Diez de los más gruesos y grandes, y cuyo papel arda bien.

b) Mis diez favoritos.

c) ¿Qué es un libro?

d) Diez que no haya leído.

e) Las obras completas... ¿cuentan como un solo libro?

f) ... y los dos últimos, en idiomas que no entienda, digamos... ¿ruso y chino?

g) El primero, el diccionario...

Metametametaburdel

Metametaburdel

Metaburdel

Pinzas olvidadas

18 marzo 2007

Calcetines

Con el paso del tiempo, los calcetines nos deparan grandes sorpresas. Poca importancia tiene el hecho de que se desgasten o de que, debido entre otras cosas a la altivez de nuestras uñas, les salga un agujero justo enfrente del dedo gordo. Irrelevante hasta cierto punto es la posibilidad de que la cabeza de un hilo asome y amenace, día tras día, con estirarse.

Sin embargo, mayor relevancia tiene otro hecho. Tenemos muchos calcetines de color negro: algunos pares son idénticos, pero otros no los compramos en un pack de seis y son, inicialmente, distintos, aun por pequeños detalles. A partir de este estado de cosas, éstas se van complicando.

La complicación no tiene su inicio en el momento de ahogar a los calcetines en agua envenenada con detergente, ni siquiera a la hora de ahorcarlos con pinzas en una cuerda. La complicación comienza cuando ya tenemos los calcetines limpios y secos sobre la mesa y tenemos que emparejarlos.

Hay varias formas, varios métodos para emparejar calcetines, pero todos conducen, inexorablemente, al fracaso.

El primer método consiste en coger, al azar, un calcetín y buscar su pareja. El problema esencial en esta situación es que hay calcetines muy introvertidos y excesivamente solitarios: tras compararlo con todos sin encontrar su pareja, finalmente desistimos y lo arrojamos, desesperados, a una esquina de la mesa. Por regla general, su pareja, igualmente introvertida y solitaria, estará escondida debajo de un jersey.

Seguimos cogiendo calcetines al azar y buscando su pareja, con las ventajas de que, conforme avanzamos en esta operación, cada vez quedan menos calcetines y, sobre todo, de que ya hemos observado, minuciosamente, muchos de ellos por si eran la pareja de otros calcetines que ya hemos emparejado, lo que nos permite seguir emparejando con una velocidad considerablemente superior a la inicial.

El segundo método consiste en extender sobre la mesa todos los calcetines en paralelo, si es que es posible juntar las palabras ‘calcetín’ y ‘paralelo’ sin crear confusión en la mente. Una vez alineados, es importante contar cuántos calcetines tenemos sobre la mesa. En caso de que el número sea impar, nos veremos obligados a buscar y rebuscar entre toda la ropa otro calcetín. Si lo encontramos, lo alineamos con el resto; si no lo encontramos, estaremos especialmente alerta durante el resto del procedimiento.

Mientras realizamos la operación de emparejamiento calcetinesco, nuestro rostro tendrá una expresión similar a la que adopta cuando realiza un crucigrama sin tener las soluciones a la vista, de forma que si alguien nos viera pensara que, en vez de emparejando calcetines, estamos resolviendo un problema de física cuántica.

El desarrollo de ambos métodos, como hemos dicho, conduce irremediablemente al fracaso: siempre acabaremos la faena con la sensación de que hemos cometido una atrocidad emparejando calcetines cuya compatibilidad no teníamos muy clara, y con el remordimiento de conciencia que nos producirá el sabernos culpables de que, al menos, cuatro calcetines se pasarán varios días soportando una inaguantable vida de pareja.

Nos sentiremos atormentados porque sabremos que, hasta que no regresen a la mesa, los calcetines que hemos malemparejado sólo van a tener sufrimiento: la pareja equivocada, el ahogamiento, el ahorcamiento. La mesa, pues, es el paraíso de los calcetines: en ella pueden disfrutar, al menos, de unos momentos de libertad.

No obstante, hay quien consigue un emparejamiento perfecto de sus calcetines, y siempre los guarda en perfectas parejas. Flaco favor a una gran mayoría de calcetines, que también gustan de nuestros errores, puesto que les permiten practicar el intercambio de parejas e, incluso, algún que otro trío.


17 marzo 2007

Parecidos

Estaba viendo un capítulo de Lost y observé que hay un actor, Josh Holloway, que interpreta a Sawyer, que desde ciertos ángulos es bastante parecido a otro actor, José Luis R. Zapatero, que interpreta al Presidente del Gobierno.

Envidia

El 17 de marzo del año 17, siendo Jesucristo un adolescente, como en el post anterior, murió nuestro querido y entrañable amigo Ovidio, que nos declaró, con mucho arte, el de amar, y nos entretuvo con su poema de las Metamorfosis.

Aracne era una mujer famosa por su habilidad con el telar: tejiendo la lana no tenía rival. Esta superioridad absoluta de Aracne no era, sin embargo, lo que fastiaba a Palas, diosa para más señas, sino el hecho de que Aracne, en el delirio de su ego, se considerase mejor tejedora que la mentada diosa: de hecho, en una ocasión Palas se disfrazó de vieja para invitar a Aracne a que se retractara de su afirmación y confesara que se había equivocado, o como se lo diría en griego:

- Aracne, ¿por qué no te achantas de tu hibris y reconoces tu hamartía?

Pero Aracne le golpeó la mejilla con un ovillo de lana:

- Atenea, te desafío, te reto: tejamos.

La diosa aceptó el reto, pero perdió: lo que tejió Aracne era tan magnífico que ni siquiera la Envidia podría ponerle reparos, pero sí que pudo poner en Palas Atenea sus manos. La diosa, dolida por su inferioridad, rompió la obra de Aracne y le golpeó en la frente; Aracne intentó suicidarse atándose un lazo al cuello para ahorcarse, pero Palas se compadeció de ella y le dijo:

- Vive, sí, pero cuelga, malvada; y que el mismo tipo de penalidad, para que no estés libre de angustia por el futuro, esté sentenciado para tu linaje incluso hasta tus remotos descendientes.

Y la convirtió en araña.

16 marzo 2007

Tiberio, Melchor, Gaspar y Baltasar.

El emperador romano Tiberio, siendo adolescente Jesucristo, allá por el año quince, poco más o menos, dictó una ley en virtud de la cual prohibió demorar más allá de las calendas de enero los regalos de principio de año.

Razón por la cual tienen trabajo Sus Majestades Los Reyes Magos*: para agilizar trámites.

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* Reconocidos zoroástricos y, por tanto, herejes dignos de la más alta hoguera.

Frase mítica

“No empecemos a comernos las pollas.”

[The Wolf: Well, let's not start sucking each other's dicks quite yet.]

[Pulp Fiction, 1994. Quentin Tarantino]

15 marzo 2007

Él es Providencia

Setenta años hace hoy exactamente que desapareció Lovecraft. Según fuentes oficiales, debido a un tumor, pero ¿quién nos asegura que Los Antiguos no hicieron que la cáscara de carne en la que estaba preso enfermase y muriese para que su espíritu inmoral se liberase y se sentara junto a Ellos en Los Tronos del Tiempo, más allá del Espacio, para observar el ciclo de la Vida y la Muerte que se desarrolla constantemente en todas las Dimensiones del Cosmos?

Sabemos que nos observan.

Código esgaesco

Según fuentes cercanas a la administración de este burdel, a partir del día 13 del mes próximo los útiles de escritura tradicionales, tales como lápices, bolígrafos, plumas, ceras, plastidecores, rotuladores, etc., serán gravados con un impuesto esgaesco dada la posibilidad de que cualquier mente vil y abyecta decida emplearlos para imitar la actividad de los antiguos monjes copistas.

Asimismo, estarán sujetos a este gravamen -cuyo objetivo, según demuestra un estudio sueco, es proteger el derecho de propiedad intelectual frente a las vulneraciones a las que es sometido por parte de todos los ciudadanos españoles sin excepción- folios, cartones, cartulinas, maderas, piedras y cualquier otro soporte material en cuya superficie pueda cometerse el delito de copia, que queda tipificado en la nueva redacción del Código esgaesco en los siguientes términos:

“Todo ciudadano español, desde su nacimiento, será culpable de delito contra la propiedad intelectual, aunque se demuestre lo contrario”.

14 marzo 2007

Priceless

- El coche: 12.500 €.

- El combustible: 0'98 €/l.

- La cinta de Ozzy comprada en una gasolinera: 125 pts.

- El impuesto de circulación: 130 y pico €.

- La tarjeta de residentes: 14'70 €.

- Llegar a tu barrio y, sin darle tres o cuatro mil vueltas a las cuatro o cinco manzanas que circundan tu casa, encontrar, en tu mismísima calle, un aparcamiento en zona de residentes: no tiene precio.

Onanigrafismo

Dentro de 13 días cumple un año El burdel del delirio (lo que acabo de hacer lo denominaremos egoenlace):

Un buen momento para hacer una autorreflexión, dado que me la hago yo a mí mismo sin poder evitar hacérmela, qué le vamos a hacer, es lo que tiene esto de escribir: más que nada, y ante todo, es un acto incontenible, irresistible e irrefrenable, egocéntrico, egolátrico y egoísta, lo que no significa que no tenga en cuenta al lector, como por ejemplo a la Txoma, que sé que está ahí: sé que estás ahí tomando un poco de oxígeno para volver a sumergirte en los océanos de las historias de la Historia, momento éste de lectura delirante que aprovecharás para fumarte, en ausencia de las aguas inmensas en las que buceas, otro cigarro. No significa, decía, que no tenga en cuenta al lector, pero también decía que la escritura es, ante todo, onanigrafrismo.

Es evidente que tengo en cuenta al lector: la simple referencia al mismo así lo pone de manifiesto. Sin embargo, esta evidencia es falsa, aparente. El lector está ahí: tú estás ahí. Pero quien está aquí, escribiendo, soy yo. Y éste es mi mundo, aquí son mis reglas, pero para darte alivio te diré que nada te prohíbo: puedes imprimir todo lo que he publicado en este blog y echarlo a la chimenea, pero no te olvides de encenderla. Con sólo esa afirmación te parecerá evidente que no pongo normas, pero esa evidencia también es falsa, una quimera. Sólo hay una norma: tienes que leer, lo cual, por lo demás, es una obviedad, puesto que si no lees no serás el lector al que no tengo en cuenta.

En cualquier caso, todo son palabras, palabras, palabras.

Cuando escribo, sólo pienso en el texto que construyo, porque eso es lo que hago: construir textos. Y como éste, a falta de trece días, es el del aniversario del blog, hablaré de los textos que aquí publico.

Vaga tipología de los textos publicados en El burdel del delirio (egoenlace):

a) De construcción rápida: textos que escribo en cero coma.

b) De construcción lenta: textos cuya elaboración requiere un tiempo más o menos largo, que podríamos acotar así: entre una hora y pico y muchas.

c) De construcción única: textos que escribo de una vez, que publico y que ahí se quedan. La mayoría de estos suelen ser del tipo a).

d) De construcción progresiva: textos que escribo de una vez y que, ya publicados, sufren progresivas modificaciones, que pueden ir desde una hasta muchas. Los textos de este tipo suelen ser también del b).

¿Qué me llevó a hacer el blog? Hay que dejar claro que la culpa de que esto exista es de Jony. Yo sólo quería dejarle un comentario. Y después de eso pensé: “Bueno, ahora me haré, además de ególatra incontenible, egocéntrico irresistible y egoísta irrefrenable, exhibicionista, y cualquiera podrá ver mis atributos textuales”. Así que, en vez de guardar en el cajón de mi escritorio los trozos de papel usado en los que escribía, y en vez de guardar en un archivo punto doc lo que escribía en el ordenador para darle un respiro a la mano, y en vez de tirar algunos escritos a la papelera, empecé a exhibir, a publicar, muchas de las cosas que escribo, aunque también es cierto que escribo cosas que, de no tener el blog, no escribiría, algunas de las cuales deberían estar en la papelera, aunque fuera en la de reciclaje.

Sin embargo, esas cosas sobre las que escribo y que, de no tener el blog, no escribiría se clasifican así: a) y c), es decir, son textos de construcción rápida y única, así que, lector ausente, no esperes encontrar ahí ningún tipo de arte. Conexiones extrañas, sí; juegos de palabras, también; algunos delirios, por supuesto; pero arte, no.

Si algo de lo que escribo cabe dentro del concepto de arte -más abierto hoy en día que las entrañas de la en todo el orbe conocida Señora Bernarda-, lo encontrarás en la categoría ‘Poesía’, entendida como poiesis, creación. Todos los textos contenidos en esta categoría son del tipo b) y d): de construcción lenta y progresiva, y existirían al margen de la existencia del blog. Observarás, lector anónimo, que no magnánimo, que en ninguno de esos textos te mento: no te menciono: en ellos estás omitido, no existes, no estás textualmente configurado, porque si algo eres, eres un par de palabras entres las cientos y miles que escribo. Sé que es duro: habrás de soportarlo.

Sin embargo, no puedes quejarte: yo no soy mucho más que tú. Quiero decirte que aquí, en el texto, yo soy un pronombre, igual que tú. Fuera del texto soy el creador, pero desgraciadamente no tengo muchas más formas de manifestarme. De hecho, se puede dar y se da el caso del plagio, en el que el lector cree que el autor es Fulano, pero Fulano no es el autor, sino el plagiador: el autor es Mengano, pero qué más da: el texto no necesita a Mengano para vivir. Funciona perfectamente al margen de la existencia de su autor, y lo que el texto nos diga sobre éste no tiene por qué ser verdad: nos conformamos con que sea verosímil, con que no tenga incongruencias, y en caso de que el texto sea incongruente le exigiremos que sea congruentemente incongruente.

De todas formas no te creas, lector fingido, que la posibilidad que ofrece Internet de que participes en los procesos de creación es nueva: ya en el siglo XIX había lectores que escribían a los autores para comentarles y sugerirles acerca de las novelas que publicaban por entregas, llamadas folletines. Incluso, más allá del folletín, y si mal no recuerdo, o si no se lo inventa mi imaginación, Arthur Conan Doyle se vio obligado, tras hacerlo morir, a resucitar a Sherlock Holmes ante la desmedida reacción de sus lectores.

Para terminar -aunque puede que este texto, que ahora mismo es del tipo a) y c), se convierta en uno del tipo b) y c) si vuelvo a meterle mano-, recuerda, extinto lector, las palabras de quien fue, no diré grande, sino todo poeta:

Aunque ellos mismos lo ignoren, ningún creador escribe para los otros, ni para sí mismo, ni mucho menos, para satisfacer un anhelo de creación, sino porque no puede dejar de escribir”.

Con estas palabras de Girondo estoy de acuerdo en parte, porque yo creo que el creador, además de escribir porque no puede dejar de hacerlo, escribe para darse una satisfacción, un placer, para gozar y deleitarse a sí mismo: no es que escriba para sí mismo, sino para satisfacerse a sí mismo, y por eso he compuesto el vocablo onanigrafismo: con él denomino el acto de creación literaria.

Escribo por instinto y por placer.

13 marzo 2007

Extraño himeneo

Desde que nacemos, contraemos un involuntario matrimonio con ella y ni siquiera en la muerte se extingue el contrato que nos vincula, y no hay forma lógica, ni poética, de saber si, tras convertirse nuestro cuerpo en polvo y abandonar de modo absoluto la existencia, nos abandona, pues quién nos asegura que después de muertos hay otra vida y que en esa vida extra no seguimos atados a ella.

Es sólo en la noche cuando la echamos de menos. Con las luces apagadas, acostados en nuestra cama, su inquietante invisibilidad nos carcome la conciencia. Tenemos la certeza absoluta, absoluta, de que si encendemos la luz estará ahí, debajo de nuestro cuerpo, adherida a las sábanas, pero una duda minúscula nos roe las pupilas. Cedemos a nuestro temor absurdo, encendemos la luz, comprobamos que sí, que la estamos aplastando, y volvemos a la oscuridad con solo apretar el interruptor, conciliando el sueño con el reposo de espíritu que nos concede la certeza de que seguimos casados con ella y de que no nos abandona, aunque a veces desearíamos estar solos.

Sin embargo, esto no es posible. ¿Cuántas veces hemos intentado pisarla? Incluso en el paroxismo del desprecio le hemos escupido, pero... ¿acaso se inmuta? En absoluto: tan solo conseguimos manchar el asfalto, las baldosas.

Un amigo paracaidista me confesó que cuando salta del avión a siete mil metros de altura siente unos temblores inauditos que paralizan sus nervios, porque se siente vacío, desolado, y que sólo cuando la ve allí abajo, acostada en la tierra, esperándole dispuesta para copular de nuevo con él, es capaz de reaccionar y tirar de la anilla.

Este raro himeneo es, curiosamente, ignorado por una gran mayoría de personas, que no le otorgan apenas importancia; de hecho, se pasan la vida ignorándola, sin mirarla a la cara y sin dedicarle unas breves palabras, pero habría que ver la expresión de sus rostros si un día, el menos pensado y más distraído, advirtieran que ha desaparecido su sombra.

12 marzo 2007

El cuaderno como género literario

¿Es el cuaderno un género literario? Bueno, qué podemos decir del cuaderno... Yo he tenido a lo largo de mi vida tantos cuadernos... He gastado tanta tinta en ellos... y tanto dinero...

El cuaderno en sí, aislado de sus accidentes, tales como las tapas duras o blandas con dibujos de las supernenas o de los pokemon; al margen de sus hojas en blanco, con rayas o con cuadros; al margen del logotipo de Anaya o de Guerrero impreso en la tapa; al margen de su tamaño din-A 4, 5 ó 6; el cuaderno en sí, en esencia, es el objeto material que sirve de soporte a la escritura.

También podemos coger las tijeras, recortar algunas fotos de revistas o imprimir imágenes que bajemos de internet y pegarlas con superglue, con pegamento de barra o con pegamento imedio, incluso con cinta aislante, en las hojas del cuaderno, para alternar texto con imágenes; también podemos destinar el cuaderno a copiar poemas de otra gente, famosa o desconocida, en sus hojas (aunque al no poder hacer ctrl+c/ctrl+v y tener que copiar a mano como los antiguos amanuenses, menos cuadernistas llenarían sus cuadernos con escritos ajenos), y podemos citar o no su autoría, pues quién se va a enterar, si es nuestro cuaderno, que incluso podría no tener tapas, pues las tapas son, como hemos dicho, una circunstancia, una contingencia, no forman parte de su esencia, al igual que el alambre o el hilo que une las hojas, que podrían estar unidas también con pegamento, y da igual que las hojas sean de papel reciclado o no: podrían ser hasta papiros unidos por grapas, hasta servilletas cogidas con un clip pueden servir de cuaderno; lo importante es que puedas escribir, aunque he conocido poetas que no han escrito un solo verso en su vida, por eso mismo no son poetas.

Pero qué tonterías estoy diciendo: para escribir te sobra con un puñado de folios, qué más da que estén o no unidos. De hecho, podemos escribir también en un ordenador y publicar lo escrito en Internet, que es lo que yo hago ahora mismo, pero ahora mismo mientras yo escribo, no mientras tú lees, no vayas a confundir los tiempos. Lo importante es que la letra permanezca en mi ahora mismo y en el tuyo.

Still on the road

Hoy es el cumpleaños de Steve Harris. A los 18 años engendró a la bestia, que se empezó a escribir con mayúsculas cuando a Paul Di’Anno le tomó el relevo Bruce Dickinson, air raid siren, sin duda una de las mejores voces de la Historia de la Música, y éste es un punto que podemos discutir lo que quieras, pero que no está sujeto al cambio: permanece como Parménides. Harris, ya con 50 años, sigue tocando su bajo y componiendo la fisionomía y el espíritu de la Bestia.

Up the Irons!

11 marzo 2007

Balance

Tras las manipulafestaciones de los dos últimos días hay que hacer un par de cuentas, del tipo:

Si en España hay 44 millones de habitantes y ayer se manifestaron 2.200.000, tenemos que hay un 5% de españoles que la han secundado a nivel nacional.

Si en Murcia hay 370.745 habitantes y el viernes se manifestaron 10.000, tenemos que hay un 2’69% de murcianos que la secundaron a nivel regional.

Balance: Mucho ruido y pocas nueces.

*En esta ocasión, y sin que sirva de precedente, hemos tomado las cifras ofrecidas por las mismísimas autoridades regionales para mostrarles el resultado de su juego en función de sus propias reglas; no hacemos el cálculo con las cifras ofrecidas por el Gobierno del país porque seguimos, eso sí, nuestras máximas conclusivas.

10 marzo 2007

Desenlace

Hoy, por pura casualidad, he llegado a un blog que no habré visitado más de dos o tres veces, y que visité porque, en fin, el propietario me dejó un comentario, así que me asomé a curiosear, vi que me había enlazado y pensé:

- Qué raro que me enlace, si no estamos ni de lejos en la misma línea.

Y hoy, por pura casualidad, he visto en otro blog un enlace al suyo y me he vuelto a asomar mientras me decía: “Supongo que ya me habrá desenlazado”. Y efectivamente, no sé cuándo, pero se produjo el desenlace, porque es un poco absurdo tener juntos, por una parte, enlaces que conducen a blogs y a páginas donde se lora* el discurso facilón de la derecha y, por otra parte, tener un enlace que conduce a mi blog.

*Lorar.- Neologismo mío. Verbo cuyo significado dejo al gusto del lector, pero al lector cultivado le diré que no procede del antiguo verbo plorar.

Estrategias

Cuando no se tiene ninguna salida, ninguna respuesta, ninguna opción, sólo cabe sembrar la duda. La duda se agarra en cualquier superficie y es buen alimento. La suya es una siembra fecunda, ya sea en terreno fértil o yermo: los rebaños de borregos pacen y comen los brotes de duda, y sus frutos, las duditas, les resultan suficiente para balar, pero los borregos, como los seres humanos, son muy orgullosos y no tienen el suficiente valor como para reconocer lo obvio, lo evidente, lo innegable, y en vez de balar, loran.

Sin embargo, mis jerbos roen todo lo roíble y se alimentan de semillas, aunque un poco de queso les excita los bigotes.

¿Soy profeta?

Acabo de ver esta noticia: “Acebes niega los reagrupamientos y traslados de etarras entre 1998 y 1999”. No sé si seré profeta, pero actúa igual que el Pepito de mis cuentos: tanto de éste como de éste.

Más que profeta, soy un tipo lógico, capaz de prever el comportamiento de cierta gente que siempre se comporta igual, porque así los han educado, aleccionado, instruido, adiestrado, amaestrado.

Haré un último acto de profecía: ¿Qué pasará cuando se encuentre con Dios y El Gran Jefe Celestial le diga:

-Ángel, tengo por aquí apuntado que fuiste un poco mentiroso...?

Pues que Ángelito le responderá:

-No, no, no. De eso nada. Yo no sé lo que tendrás apuntado, pero seguro que San Pedro ha falsificado el Gran Libro...

-Pero, vamos a ver, Ángel -le replicará Dios-: lo de tener apuntado es una metáfora. Quiero decir que Yo sé que fuiste un poco mentiroso...

-No, no, no. De eso nada. Tú no existes.

09 marzo 2007

Pepito el delator

Pepito, a lo largo de sus años en el colegio, copió en muchos exámenes, al menos en trescientos, que se sepa. Un día vio que Paquito, su compañero, copiaba en un examen y, terriblemente nervioso, agitado, exclamó:

- ¡Seño, seño! -levantando y moviendo las dos manos, en vez de levantar una y dejarla quieta, como era costumbre.

- ¿Qué quieres, Pepito? -le preguntó la maestra.

- ¡Que Paquito está copiando! ¡Paquito está copiando! ¡Se está copiando! -respondió Pepito, inquieto, alterado.

- No está copiando, Pepito -le respondió la maestra-. Me ha dicho antes de entrar a clase que iba a utilizar el libro para responder las preguntas, así que ya tiene suspenso el examen.

- ¡Pero tienes que echarlo, seño! ¡No se puede estar en un examen con el libro abierto! ¡Tienes que mandarlo con el Dire para que lo eche del cole! -replicó Pepito en un estado de excitación casi convulsivo.

- Eres muy malo, Pepito -le dijo Paquito-. Pues que sepas, seño, que Pepito se ha copiado en un montón de exámenes sin que tú te dieses cuenta.

- Pepito, ¿es eso verdad, Pepito? -inquirió la maestra con el ceño fruncido.

- Noooooo, seño, cómo va a ser verdad, si yo estudio mucho-mucho-mucho.

- ¡Que no, seño, que sí es verdad! Que yo lo he visto y le he sacado fotos con mi móvil mientras copiaba. ¿Quieres verlas?

- A ver...

- ¡Que no, seño! ¡No te fíes de Paquito, que seguro-seguro-seguro que ha trucado las fotos para que parezca que yo he copiado, pero es mentira-mentira-mentira!

- Pepito... ¿no me estarás engañando?

- ¿Yo? ¿Engañar? ¿Yo? Yo sólo digo siempre la verdad, seño. Y la verdad es que yo nunca, nunca, nunca, he copiado.

Panorama

Imágenes fragmentarias de las noticias de las nueve de la tres que me llegan a la memoria: uno que le pone flores a los muertos y es ovacionado y aplaudido por la multitud mientras sonríe como diciendo: “Gracias, gracias”; otro que se declara feminista convencido en vez de estar en lo que tiene que estar; otros que convocan a todos los españoles para que se manifiesten para mostrar su repulsa por lo que ellos mismos ya hicieron, un acto inconsecuente, incoherente, hipócrita, sospechoso; ocho niños muertos por culpa del fuego, que no los quemó, pero los hizo volar desde los brazos de su madre, que qué pensaría en sus últimos segundos de vida tras arrojar al vacío a sus hijos; más muertos en Irak, por supuesto civiles, daños colaterales: es lo que tiene la guerra, qué le vamos a hacer.

No han dicho, como siempre, nada de los niños que se han muerto de hambre hoy, ni de los que murieron ayer ni de los que morirán mañana, pero qué más da, saben que la gente no recuerda, que su memoria es como la de los peces.

Un pez va nadando por su pecera, se encuentra un cofre y dice, sorprendido: “Anda, un cofre”; sigue nadando hasta llegar al mismo punto, se encuentra el mismo cofre y dice, sorprendido: “Anda, un cofre”; da otra vuelta y dice, sorprendido: “Anda, un cofre”; y otra, y dice, sorprendido: “Anda, un cofre”. Y así hasta que se muere.

La memoria de los peces. Glub, glub, glub.


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*Lo de la memoria de los peces, del corto 15 días. Muy bueno.

08 marzo 2007

Cen-timazos

Que digo yo que ya me ha pasado varias veces que he recibido una llamada de alguno de los números que tengo apuntados en la agenda de mi móvil, normalmente de números a los que con más frecuencia llamo y de los que más llamadas recibo; que digo que recibo la llamada, descuelgo, digo: “Dime”, pero no me dice nada, así que vuelvo a decir: “¡Oye! ¡Dime!”, y nada me dice, así que como no me dice nada cuelgo.

Pero también digo que a veces he visto llamadas perdidas en mi teléfono, normalmente de números a los que con más frecuencia llamo y de los que más llamadas recibo; que digo que las he visto, así que llamo a ver qué quiere, y le digo: “Dime”, y me dice: “Que te diga qué”, y yo: “Si me has llamado tú, tengo una llamada perdida tuya”, y me dice: "Que no, acho, que yo no te he llamado". Así que le digo: “Pues yo tengo aquí una llamada perdida de tu teléfono”. “Pues no sé”, me dice. “Bueno, pues nada, ya nos vemos”, le digo. Y cuelgo.

Así que digo yo que podrían ser las propias compañías telefónicas las que hagan las llamadas para sacarnos unos céntimos más, digo yo, pero unos céntimos más aparte de los centimazos que ya nos sacan con sus tarifas que descienden de la usura; que digo que quizá manipulen nuestros teléfonos para hacer las llamadas y liárnosla. Digo yo, pero, vamos, es un decir conspiranoico, y nada más.

Pepito el inocente

Pepito, a lo largo de sus años en el colegio, faltó a clase en total algo menos de un año, unos trescientos días, pero cuando iba a clase hacía como si nunca hubiese faltado y jugaba con Paquito, Agustín, Enrique, Luisito y los demás compañeros de clase, y parecía que estaba atento a las explicaciones, aunque, como el resto de sus compañeros, no hacía ni caso de lo que decía la maestra ni los deberes que apuntaba en su cuaderno. La relación con sus compañeros no es que fuese magnífica, pero más o menos se llevaban.

Sin embargo, un día faltó a clase Paquito, y Pepito le dijo a la maestra:

-¡Seño, seño, Paquito no ha venido a clase!

Y la maestra, conciliadora, le respondió:

-No pasa nada, Pepito, es la primera vez que nos damos cuenta de que Paquito no viene a clase, y además su mamá nos ha mandado una nota para decirnos que no puede venir hoy.

-¡Sí, seño, pero no ha venido, tiene que ponerle una falta y un negativo!- le replicó a la maestra Pepito, muy excitado.

-Entonces, Pepito -le dijo la maestra-, ¿te ponemos a ti las trescientas faltas que has cometido y de las que nunca nos ha avisado tu mamá?

Y Pepito respondió, casi indignado:

-Nooooo, seño. Yo nunca he faltado a clase.

-¿Estás seguro, Pepito? -le preguntó, extrañada, la maestra-. Mira que yo te tengo apuntado en mi agenda. ¿Me habré equivocado?

-Claro que sí, seño. Yo nunca, nunca, nunca, jamás he faltado a clase.

-¿Quieres que preguntemos a tus compañeros, a ver si recuerdan que hayas faltado alguna vez?

-No hace falta, seño. Yo nunca he faltado.

07 marzo 2007

Maestros y discípulos

He leído en la Wikipedia que Aristóteles murió el 7 de marzo del 322 a. C. Yo, personalmente, concedo en el año, pero afinar hasta el día..., quizá sea raspar en el calendario. En cualquier caso, Aristóteles fue un tipo bastante listo, inteligente, agudo, perspicaz. Una máquina, vamos. Le dio clases particulares a Alejandro Magno, así que fíjate. Lo que no sé es cuánto le cobraría pero, vamos, si un fontanero te cobra la mano de obra a 20 € la hora, por lo menos se sacaría unos 500 tetróbolos o tetradracmas por hora, teniendo en cuenta que el Sr. Magno era emperador, y curiosamente tiene el mismo apellido que el jabón.

Lo que quería decir es que Aristóteles, además de enseñar a Alejandro, enseñó a Tomás de Aquino, que murió, ¿casualmente?, el 7 de marzo de 1274. Y es que Aristóteles ha sido a lo largo de la historia una especie de UNED, que ha enseñado a distancia a mucha gente, y me incluyo en el saco, pues se ocupó prácticamente de todas las áreas del saber y del conocimiento, con excepción de la Flexología Férrica, de la que sólo se ha ocupado el ilustre Doctor Estoyas Talos, y de la Cariciología Extensiva, una materia en la que destacó el por todos nosotros admirado Profesor Manu Tigio.

Y aprovechando las casualidades de las cifras, no podemos cerrar estas serias reflexiones sin recordar a Mijail Bajtín, que murió el 7 de marzo de 1975 y que, por supuesto, también recibió lecciones a distancia de nuestro querido y estimado maestro el Estagirita

Espuma

¿Que por qué todo gobierno negocia con los terroristas de su país?

Porque si consigue el fin del terrorismo triunfa como la espuma.

Ésa es, y no otra, la razón por la que todo gobierno ha negociado, negocia y seguirá negociando, nos guste o no nos guste, con los terroristas.

[Música de fondo: mis gerbos royendo madera]

Lágrimas, sudor, polvo

En un primer momento entramos a vivir en una casa impecable, absolutamente limpia, de muebles relucientes, de suelos sin mácula, de cristales tan translúcidos que rozan lo invisible.

Sin embargo, muy pocos días después de instalarnos en la casa, las paredes empiezan a llorar: añoran su independencia, su soledad, su silencio.

Sus lágrimas resbalan hasta alcanzar el suelo, y allí se quedan, como larvas inmóviles. No se secan: permanecen a la espera, atentas al signo, a la señal.

Después de habitar en la casa durante una semana, las paredes se sienten inquietas, se ponen nerviosas, tiemblan, y esa inquietud, ese nerviosismo, esos temblores les provocan un sudor incontenible.

Este sudor incontenible que transpiran las paredes como reacción a la constante presencia humana es el signo, la señal que esperaban las lágrimas, que se abrazan al sudor y se anexan, se funden, copulan.

Esta unión inconfesable tiene como resultado la metamorfosis de ambos líquidos, sudor y lágrimas, que ya son uno, en polvo, que se extiende por los muebles, por los suelos, por los cristales, que ya son tan opacos que rozan lo nocturno.

06 marzo 2007

Conexiones inesperadas

Es curioso lo que tiene el juego de cifras. El 6 de marzo de 1475 nacía Miguel Ángel, el universalmente conocido pintor y escultor del Renacimiento italiano; el 6 de marzo de 1619 nacía Cyrano de Bergerac, soldado y escritor francés. Miguel Ángel, además de pintar y esculpir, también escribía poesía, acercándose en su tono a Dante; Cyrano escribió una comedia llamada El pedante burlado, que nada tiene que ver con el autor de La Divina Comedia, que de comedia, como nosotros la entendemos en la actualidad, nada tiene.

Pero esto lo estaba escribiendo a propósito del juego de cifras, que une a estos dos escritores que también se dedicaban a otras cosas: 1+4+7+5=17; 1+6+1+9=17. Seguimos sumando: 1+7=8 y 1+7=8, y juntamos los ochos resultantes de la suma lúdica y tenemos 88, edad a la que murió Miguel Ángel; Cyrano, en cambio, murió a los 36 años accidentalmente: le cayó una viga en la cabeza, quizá una de las vigas sobre las que trabajaba, siglos atrás, Miguel Ángel.

Y lo que una el azar, que no lo separe el despiste.

No quiero cerrar este escrito sin dejar constancia de que Cyrano escribió una tragedia llamada La muerte de Agripina. En Luvina, de Juan Rulfo, vuelve a reaparecer este personaje, que entra con sus tres hijos en una iglesia derruida de ese pueblo donde todo se marchita a rezar a no sabe quién porque allí no había nadie a quien rezarle, como en la obra de Cyrano, donde quedan excluidos los dioses porque los dioses, según manifiesta un personaje, los ha creado el hombre. Pero no es lo mismo: he unido a estas dos Agripinas con pinzas.

Y lo que unan las pinzas, que no lo separe el punzón.