31 marzo 2011

Um homem falido. Instituto Francês de Portugal

Um homem falido,
de David Lescot
Encenação: António Simão
Artistas Unidos
31/marzo/2011
Auditório do Instituto Francês de Portugal (Lisboa)


Shrink, shrink, shrinking man...

24 marzo 2011

Vida de artista. Teatro do Bairro

Vida de artista
Texto: Luísa Costa Gomes
Encenação
: António Pires
23/marzo/2011
en Teatro do Bairro (Bairro Alto, Lisboa)


23 marzo 2011

Visitas directas desde Birmingham, Bratislava y Noruega

Tengo yo curiosidad por saber quiénes llegan directamente a este burdel desde Birmingham, desde Bratislava y desde Noruega...

22 marzo 2011

Richard Dawkins: La amenaza de las escuelas religiosas


Pat Condell: ¿Ateísmo agresivo? (texto)

«Últimamente he estado escuchando muchos quejidos y lloriqueos en la prensa sobre el ateísmo agresivo e intolerante, como si eso de algún modo fuera malo. Parece que la religión puede atacar a otros, pero no tolera ningún ataque, como un asaltante callejero que llama a la policía cuando sus víctimas se defienden.

El ateísmo agresivo en realidad es ateísmo defensivo, porque ahora nada es más agresivo que la religión política. Ser un ateo o un secularista en estos días ya no consiste en renunciar a algo, sino en defenderse activamente. Por tanto, cualquier ataque que reciba la religión merece ser diez veces peor. Y, además, no creo que se pueda ser demasiado agresivo al defender la libertad de expresión, que, por supuesto, es absolutamente sagrada, como todos sabemos. Mucho, mucho más sagrada de lo que cualquier dios, o profeta o escritura es, será o podrá ser, desde hoy hasta el fin de los tiempos, o por la eternidad, lo que dure más.

A veces la gente me dice: “Eres tan intolerante como la gente que criticas”. ¿En serio? ¡Espero que sí, porque alguien tiene que serlo! Sobre algunas cosas soy muy intolerante, y no tiene sentido intentar negarlo. Veamos: ¿Misoginia y sexismo? Soy extremadamente intolerante con ambos. Espero que no se ofendan por ello. ¿Racismo? ¿Antisemitismo? No, con eso no soy tolerante, me temo. Lo siento. ¿Homofobia, quizá? No tengo ni una pizca de tolerancia. Caray, sí que tengo problemas, ¿verdad? ¿Qué hay de la crueldad con los animales? De nuevo, ninguna tolerancia en absoluto. Pero prepárense, porque eso no es ni la mitad. No sólo soy abierta y descaradamente intolerante sobre esos temas, sino que si se usa la religión como excusa para alguno de ellos, me vuelvo agresivamente hostil y, lo que es más, no me disculpo por ello, porque no hay nada por lo que deba disculparme. Y ustedes tampoco.

Siempre me dijeron que debo respetar los sentimientos de la gente. Bueno, está bien, pero ¿qué hay de mis sentimientos? ¿Qué hay de la repugnancia total que siento al pensar en el dios del desierto y los horribles pensamientos y acciones que inspira? Ese dios es mi satanás. Cuando oigo su nombre, huelo azufre. Cuando oigo sus palabras, huelo a muerte. Veo que su inmunda religión ha contaminado el mundo en el que tengo que vivir mucho peor de lo que podría hacerlo cualquier combustible fósil. Y veo que todo lo que a este dios se refiere ha sido diseñado expresamente para envenenar nuestra experiencia de vivir en la Tierra, no para mejorarla; para mantenernos temerosos, suprimir el conocimiento, restringir la libertad y la creatividad y para celebrar la muerte. No es otra cosa que la estupidización santificada de la raza humana. Y exigir que se la respete es un insulto que merece ser devuelto con considerables intereses.

La religión no merece ningún respeto, porque: a) No brinda ningún respeto en absoluto, y b) No presenta ninguna evidencia. La evidencia, de hecho, no es bienvenida, porque elimina la necesidad de la fe, ¡y eso sería un desperdicio de esa falsa virtud! La fe es una de tres falsas virtudes; las otras dos son la devoción y la piedad. No son tanto una trinidad como tres hermanas feas. A diferencia de las brujas de Macbeth, que ven el mundo en un caldero, estas tres tratan de convertirlo en una hoguera (alabado sea Dios) ,y siguen muy activas.

Entre los muchos dones de estas agradables musas tenemos el conflicto del Medio Oriente, para empezar, y ése es un regalo que parece interminable. Por no mencionar el cáncer en su centro: Jerusalén, esa joya del desierto, ese meadero celestial en la arena, desde la que ha rezumado la peste negra espiritual del Medio Oriente esparciéndose por el mundo como una aceitosa pestilencia, contaminando todo lo que toca con una gruesa pátina de ignorancia piadosa, sólo que no la llamamos ignorancia: la llamamos fe. Qué palabreja horrible es esa: fe, que exuda un aura falsa de pureza y virtud mientras da soporte a las ideas más horribles que ha visto este planeta. Cierra los corazones de la gente cuando debería abrirlos; hace que se enorgullezcan de cosas que deberían avergonzarlos, y los avergüenza de cosas que deberían enorgullecerlos.

Cuando observamos el barbarismo violento del mundo islámico, vemos que ninguna acción noble es demasiado depravada para una mente que se permite la total licencia que le da la fe. Si uno le toma completamente la palabra a este dios, se puede ser igual que él: un monstruo maligno y sin corazón, y sentirse bien por ello. Incluso en el mundo occidental, nada es tan deshonroso que la fe no pueda desinfectarlo. Recuerden que fue la fe la que privó a los gays en California de sus derechos civiles básicos, el mismo día que en los Estados Unidos elegían a un presidente negro. Fue la fe la que convenció a los cristianos negros a relegar a los gays a la parte de atrás del autobús.

Y todo esto sería espantoso en sí mismo, pero, debido a la libertad de acción que le damos siempre a esta falsa virtud de la fe, la religión está totalmente fuera de control. Ya tiene por la garganta a las Naciones Unidas, y está promoviendo una ley mundial sobre la blasfemia, para proteger a la gente de escuchar algo que extraiga sus mentecitas de la Edad de Piedra. El concepto mismo de la blasfemia es una ilustración perfecta de la cobarde inmadurez de la mente religiosa y del vacío de la religión misma. Si la religión contuviera alguna verdad, podría insultársela, ridiculizársela y hasta profanársela sin disminuírsela en modo alguno. Su verdad brillaría pese a ello, sin opacarse ni alterarse, reduciendo a quienes la maltrataran a un silencio avergonzado.

Pero las cosas no son así. La religión es irritable, intolerante, ultradefensiva, precisamente porque es quebradiza y frágil. Tiene la solidez de un merengue. Es todo fachada y nada de sustancia. Tuvo miles de años para probar sus afirmaciones, y todo lo que ha producido han sido sofismas, violencia y una moral abigarrada que avergonzaría a una serpiente de cascabel. Y la cháchara insustancial de la clerecía ya no puede ocultar el hecho simple y llano de que allí no hay nada. La única verdad sobre la religión es que es falsa. Su pretensión de conocimiento superior es risible; ni siquiera tiene un conocimiento inferior. Ni una sola de sus afirmaciones absurdas sobre la realidad tiene una esperanza en el infierno de sostenerse ante una corte, y es hora de que dejemos de tratarlas como si se sostuvieran.

Es todo lo que decimos y es todo lo que pedimos. Y el que piense que eso es demasiado agresivo, ya sabe lo que puede hacer. Y si no lo sabe, no tengo ningún problema en decírselo.

Paz.

Idea loca, tiempos locos.»

[Pat Condell: ¿Ateísmo agresivo?]



"la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar"

«La puta, la gran puta, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio y el Índice de Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó Constantinopla y bañó de sangre Jerusalén; la que exterminó a los albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, a Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; la estafadora de viudas, la cazadora de herencias, la vendedora de indulgencias; la que inventó a Cristo-loco el rabioso y a Pedro-piedra el estulto; la que promete el reino soso de los cielos y amenaza con el fuego eterno del infierno; la que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma; la que reprime a las demás religiones donde manda y exige libertad de culto donde no manda; la que nunca ha querido a los animales ni les ha tenido compasión; la oscurantista, la impostora, la embaucadora, la difamadora, la calumniadora, la reprimida, la represora, la mirona, la fisgona, la contumaz, la relapsa, la corrupta, la hipócrita, la parásita, la zángana; la antisemita, la esclavista, la homofóbica, la misógina; la carnívora, la carnicera, la limosnera, la tartufa, la mentirosa, la insidiosa, la traidora, la despojadora, la ladrona, la manipuladora, la depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la inconsecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la imbécil, la estúpida; la travestida, la mamarracha, la maricona; la autocrática, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la romana; la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, de Carlomagno; la solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar.»

(Fernando Vallejo: La puta de Babilonia, Barcelona, Booket, 2009)

21 marzo 2011

Somos un 93% de comunicación no verbal

«[…] está comprobado que las palabras sólo transmiten el 7% del mensaje; el tono de voz, entre el 20 y el 30, y el resto de nuestro cuerpo, especialmente el rostro, entre el 60 y el 80%. La conclusión final es que el 93% de un mensaje se transmite mediante comunicación no verbal.[…]

Knigth [catedrático de Antropología en la University of East London] sabe que las palabras no sirven para nada. Las palabras, el lenguaje no sirve para que las personas sientan una buena predisposición para el diálogo. Para ganar la confianza de alguien se requiere algo más poderoso que las palabras. No es verdad que hablando la gente se entiende. Hablando la gente se confunde.»

(Eduard Punset: Por qué somos como somos, Madrid, Punto de Lectura, 2010, pp. 242 y 244)

Vamos a fingir...

«Chris Knigth [catedrático de Antropología en la University of East London] parece sostener que la dimensión simbólica de la realidad en los humanos es una especie de juego basado en un acuerdo que dijera: vamos a fingir. Un fingimiento bastante serio que se extiende a las manifestaciones más veneradas de nuestra cultura como la religión o la literatura.»

(Eduard Punset: Por qué somos como somos, Madrid, Punto de Lectura, 2010, p. 238)


Pero... Mientras que en el caso de la literatura todo el mundo es consciente (bueno, casi todo el mundo...) de que está ante un fingimiento, no ocurre lo mismo con la religión, que, por lo demás, no deja de ser literatura, del género fantástico para más señas.

Pat Condell: Tu fe es un chiste (texto)

«Si criticas la religión, entonces de vez en cuando alguien te dirá con bastante desaprobación: “Tú podrás no tener fe en Dios, pero podrías mostrar algo de respeto por los que sí la tienen”. Y quizá acabes pensando: “Bueno, tal vez tengan razón. No hará daño a nadie mostrar un poco de respeto”. Después de todo a nadie le gusta que le digan sin rodeos que su religión es una estúpida basura ilusoria y una fuerza maligna para el mundo; que lo que ellos llaman fe no es más que miedo disfrazado de virtud, y que sus creencias más puras son una camisa de fuerza para la humanidad. Eso es suficiente para cabrear a cualquiera.

De modo que sí, quizá podría mostrar un poco más de respeto. El único inconveniente es que en realidad no siento ningún respeto. Lo he intentado, de verdad, y me siento realmente mal por ello, pero simplemente no está ahí. Supongo que podría mentirme a mí mismo y fingir, por el bien de los sentimientos de la gente, porque todos sabemos cuán delicados y tiernos pueden ser en estos tiempos, pero la cruda realidad es que no me importan sus sentimientos en absoluto. Ni lo más mínimo. Y por supuesto que me doy cuenta de que podría pesar sobre mi conciencia, pero por suerte mi conciencia sabe cuándo está siendo intimidada y manipulada, así que tampoco importa. Mi conciencia sabe que no hay razón alguna para que nadie en este planeta respete la religión de ninguna manera.

Efectivamente, basándonos en las pruebas, la religión misma ofrece en gran abundancia todas las pruebas para faltarle al respeto activamente hasta el punto del insulto descarado. Y, francamente, el hecho de que la religión reciba tan pocos insultos, comparado con lo que realmente merece, sólo puede atribuirse a la increíble tolerancia, moderación y buenos modales de los ateos y laicos en todas partes.

Así que si eres una persona religiosa y estás pensando en exigir más respeto para tus creencias, por favor, intenta tener presente que tú y tu religión estáis recibiendo mucho más respeto del que nunca habéis merecido. Tu fe es un chiste. Tu Dios es un chiste. Es tan absurdo que es una vergüenza incluso para la gente que no cree en él. Y tanto él como tú aún tenéis que demostrarlo todo. Hasta ahora, ninguna prueba ha sido aportada, y no parece que se vaya a aportar ninguna, como todos sabemos bien. Así que el respeto, me temo, es impensable. A lo más que podéis aspirar es a una divertida incredulidad. Y eso en un buen día.

La gente dice: “Bueno, sólo puedes entender la fe de verdad cuando tienes fe”, lo que yo creo que significa: “cuando anulas tus facultades críticas y te hipnotizas a ti mismo para creer en una sarta de estupideces fascistas sobre tu alma eterna, y entonces entenderás la fe”. Bueno, eso sí me lo creo.

A los vendedores ambulantes de la fe les gusta considerarse incuestionables afirmando que su fe trasciende la razón. Justo quien le pediría cuentas. Qué conveniente. Sí, la fe trasciende la razón como un criminal trasciende la ley. La palabra “trascendente” es muy popular entre los estafadores religiosos, porque así no tienen que explicar exactamente lo que quieren decir con ello, aparte de un impreciso estado superior de comprensión más profundo que la simple razón, que es cruda y simplista comparada con las sutilezas y profundidades de la creencia sin pruebas. Si oyes a un clérigo -y lo harás- usar la palabra “trascendente” para explicar el sinsentido en el que afirma creer, entonces sabes dos cosas. Una: no sabe de lo que está hablando. Y dos: tampoco quiere que tú sepas de lo que está hablando.

La fe no trasciende la razón para nada. La fe esquiva la razón. Huye de la razón porque la razón amenaza su cómoda burbuja de ilusión. Así que la fe descalifica a la razón del mismo modo en que un juzgado penal holandés descalifica la verdad y los testigos. Y por la misma razón.

Si eres un creyente, tu fe te permite adoptar una serie de creencias que no tienen ningún sentido, sabiendo que no serás juzgado por si tienen sentido o no, sino por el nivel de piedad que muestres al creerlas. En otras palabras, tu disposición para negar la realidad se convierte en una medida de tu virtud. Con razón la religión es tan popular, pero qué precio se paga por esta virtud.

Te han convencido de que creer en lo imposible es tu única esperanza (¿cómo sucedió eso?), y de que tu propósito es adorar algo más allá de tu comprensión definido por y sólo accesible a través de auto-designados intermediarios. Tus pensamientos, tus palabras y tu identidad ya no son decisión tuya, sino que están sujetos a la aprobación de aquéllos que han asumido autoridad sobre ti a través de tu fe, de la gente que te ha dicho que has nacido con algo malo (¡venga, hombre!), en un estado de pecado, nada menos, una enfermedad que sólo puede ser curada mediante la completa sumisión y obediencia a ellos (¡sorpresa, sorpresa!) desde el momento en que naces hasta el momento en que mueres. Y si todo esto no halaga tu ego (¿por qué iba a hacerlo?), no te preocupes. Podemos ponerle un nombre especial para que te haga sentir mejor y convencerte de que aún te queda algo de dignidad: llamémoslo “fe” y considerémosla la más alta y más noble y profunda de todas las virtudes, y finjamos que viene de dentro, cuando todos sabemos que en tu religión no está permitido que nada venga de dentro, ya que eso te daría fuerza y libertad, las dos cosas que tu religión quiere tan lejos de ti como sea posible.

La fe es el dominio que el clero tiene sobre ti. Es la soga invisible alrededor de tu cuello que te arrastra a lo largo del camino que ellos quieren que recorras para su beneficio, no para el tuyo. Es una palabra callejón sin salida. Es una palabra de esclavitud. Es una palabra que te deja creer en lo que te han dicho que creas sin que sientas que te han dicho en qué creer, pero lo han hecho, y puedes dejar de fingir cuando quieras. No es una virtud. Eso es lo último que es. Es una renuncia a la realidad. Es un tonto acto de auto-hipnosis. Es un pretexto cobarde. Es credulidad con un halo, y esconderse tras ella es como fingir ser inválido.

Así que no entiendo exactamente qué es lo que se supone que debo respetar. Me parece que necesitaría ser una especie de contorsionista moral para respetar algo tan nocivo, algo cuya existencia depende de una mente cerrada y que claramente está arrastrando a la humanidad en la dirección equivocada, y dándonos ideas falsas sobre nosotros mismos y sobre la naturaleza de la realidad. Siento que si respetara eso estaría contribuyendo innecesariamente a la estupidez y la ignorancia de la raza humana, y eso es algo que no quiero sobre mi conciencia.

No te ofrendas.

Paz.»

(Pat Condell: Tu fe es un chiste)

Pat Condell: Libertad de expresión

Pat Condell: Tu fe es un chiste

20 marzo 2011

Chocolate

19/marzo/2011
Óbidos (Portugal)
IX Festival Internacional de Chocolate




18 marzo 2011

Aviso para ciegos

«Es decir, ¿la memoria a largo plazo se estructura neuronalmente de manera distinta de aquella otra, sólo funcional, que sólo dura unos segundos? Según Kandel [premio Nobel de Fisiología y uno de los neurocientíficos más reputados del planeta], son “completamente distintas. Puede que participen las mismas células, pero la memoria a largo plazo difiere de la memoria a corto plazo en varios aspectos importantes. En primer lugar, implica alteraciones en la expresión de los genes. De hecho, al almacenar cosas en la memoria a largo plazo se activan y desactivan genes. Además, el motivo por el que se activan y desactivan es, en último término, porque se generan cambios anatómicos, cambios estructurales en el cerebro”. Esto es algo extraordinario que, posiblemente, explica por qué es tan difícil desarraigar creencias largo tiempo elaboradas

(Eduard Punset: Por qué somos como somos, Madrid, Punto de Lectura, 2010, p. 165)

"han tenido que pasar por lo menos 40 años para que las vendas se me caigan de los ojos"

Esto que sigue es un comentario que han dejado en el texto que escribí bajo el título "La religión contra la ciencia. Historia cíclica de una oposición continua":

«Yo naci y fui criada dentro de un ambiente catolico apostolico y romano, pero claro han tenido que pasar por lo menos 40 años para que las vendas se me caigan de los ojos, por viejas (experiencia y foros como el que tienes que abren luz en el camino, no dejes de escribir porque limpias polvos de ignorancias) gracias, parece algo tan obvio pero el amaestramiento es muy fuerte y es mas facil dejarse llevar que tomar las riendas de tus caminos, es mas comodo el seguir vivo si crees que perteneces a un grupo, este sentido de pertenencia es muy explotado por la iglesia, ni modo tambien tiene años en el mercado del manejo de masas. Ya se mecian los conceptos de inteligencia emocional claro con fines de lucro poder y gratitud total aqui y a largo plazo en el mas alla. Recuerdo como se decia que el sexo era algo sucio mejor dicho ni se le ponia nombre y la sensualidad de tu propio genero era algo pecaminoso, bueno esto era cuando se confabulaba el poder civil para meter miedo a la clase dominada en fin esto es de provincia.»

¿Y tú?
¿Cuántos años vas a necesitar para ver las cosas con claridad?

16 marzo 2011

Sobre el robo y la confianza

«¿Que no hay diferencia entre mangar cinco millones y medio de pavos y mangar un par de clips? Hay todo un mundo de diferencias.

De eso nada, todo es mangar, es solo una cuestión de magnitud lo que hace que parezca diferente. Igual que una sardina y una ballena, las dos son peces, las dos nadan en el mar, solo que una es un poco más grande que la otra, eso es todo. Estoy seguro de que si le preguntaras a un ladrón de lingotes qué piensa de alguien que manga vídeos, es muy probable que dijera que es una cosa tan pequeña que eso ni es mangar ni nada.

Es inmoral.

[...] No, robar casas no tiene un pijo que ver con la moralidad. La moralidad es otra cosa, algo superior. Tiene que ver con la confianza y la traición y todas esas cosas, no con putos vídeos, microondas y chaquetas de cuero. Quieres hablar de moralidad, vale, yo te diré lo que es inmoral. Inmoral es arriesgar tu vida luchando por tu país en Malaya, obedecer las reglas, aceptar las cosas como un hombre, pagar impuestos toda tu puta vida y que luego dejen que te mueras de hambre con una pensión del estado cuando eres demasiado viejo para serle útil a nadie. Eso es inmoral. Eso es abuso de confianza, así que no me vengas a mí con toda esa mierda sobre lo que está bien o está mal y lo que es inmoral o no lo es. He visto lo que pasa por la moralidad en este país tan “civilizado” y es un montón de gilipolleces. Dime, si le afano media casa a alguien, ¿de qué confianza estoy abusando? No conozco a los propietarios, así que no hay confianza de la que abusar. Sería inmoral, lo admito, si conociera a las personas que viven allí, si fuera de un amigo o algo así, eso sí que sería inmoral. Pero no las conozco, así que de eso nada.»


[Danny King: Diario de un ladrón, Madrid, La Factoría de Ideas, 2007, pp. 22-23]

14 marzo 2011

La Iglesia católica es así, y el Espíritu Santo era profundamente nazi

«5. El Vaticano ama a Adolf Hitler.

El matrimonio de amor entre la Iglesia católica y el nazismo es incuestionable: abundan los ejemplos y no son insignificantes. La complicidad no se estableció con silencios de aprobación, con no dichos explícitos o cálculos realizados a partir de hipótesis interesadas. Los hechos le demuestran a cualquiera que investigue el tema en la historia que no fue un matrimonio de conveniencia, impuesto por una necesidad de supervivencia de la Iglesia, sino una pasión común y compartida hacia los mismos enemigos irreductibles, los judíos y los comunistas, igualados, la mayor parte del tiempo, en el revoltijo conceptual de judeobolchevismo.

Desde los inicios del nacionalsocialismo hasta la protección de los criminales de guerra del Tercer Reich después de la caída del régimen, a quienes ayudaron a huir a otros países, aparte del silencio de la Iglesia sobre estos asuntos, desde entonces, y aún hoy -incluso la imposibilidad de consultar los archivos sobre este tema en el Vaticano-, el feudo de San Pedro, heredero de Cristo, fue también el de Adolf Hitler y sus secuaces: nazis, fascistas franceses, colaboracionistas, vichyistas, milicianos y otros criminales de guerra.

Los hechos: la Iglesia católica aprobó el rearme de Alemania, yendo en contra del Tratado de Versalles, desde luego, pero también en contra de las enseñanzas de Jesús, en especial, las que celebran la paz, la bondad y el amor al prójimo; la Iglesia católica firmó un acuerdo con Adolf Hitler desde su asunción como canciller en 1933; la Iglesia católica calló sobre el boicot de los comerciantes judíos, no protestó ante la proclamación de las leyes raciales de Nuremberg en 1935, guardó silencio en 1938 cuando ocurrió la Noche de los Cristales; la Iglesia católica entregó su archivo genealógico a los nazis, que supieron desde ese momento quiénes eran cristianos, y por lo tanto no judíos; la Iglesia católica reivindicó, en cambio, «el secreto pastoral» para no dar a conocer los nombres de judíos convertidos a la religión de Cristo o casados con cristianos; la Iglesia católica, sostuvo, defendió y apoyó al régimen pro nazi de los ustachis de Ante Pavelic en Croacia; la Iglesia católica absolvió al régimen colaboracionista de Vichy en 1940; la Iglesia católica, aunque estaba al corriente de la política de exterminio iniciada en 1942, no la condenó, ni en privado ni en público, como tampoco dio órdenes a los curas u obispos de censurar ante los fieles al régimen criminal.

Las fuerzas aliadas liberaron Europa, llegaron a Berchtesgaden y descubrieron Auschwitz. ¿Qué hizo el Vaticano? Siguió apoyando al régimen derrotado: la Iglesia católica, a través del cardenal Bertram, mandó decir una misa de réquiem en memoria de Adolf Hitler; la Iglesia católica guardó silencio y no hizo ninguna declaración condenatoria cuando se descubrieron las pilas de cadáveres, las cámaras de gas y los campos de exterminio; la Iglesia católica, más bien, organizó para los nazis sin Führer lo que nunca hizo por ningún judío o víctima del nacionalsocialismo: coordinó la oficina de ubicación de los criminales de guerra fuera de Europa; la Iglesia católica utilizó al Vaticano, expidió papeles sellados con visas y creó una red de monasterios europeos como lugares de escondite para protección de los dignatarios del Reich derrotado; la Iglesia católica incluyó en su jerarquía a personas que habían ocupado cargos importantes en el régimen hitleriano; la Iglesia católica nunca se arrepentirá de nada, puesto que no reconoce oficialmente nada de esto.

De darse algún día el arrepentimiento, habrá que esperar, sin duda, unos cuatro siglos, el tiempo que se necesitó para que un papa reconociera el error de la Iglesia sobre el caso Galileo..., ya que el dogma de la infalibilidad del Papa, proclamado en el primer Concilio Vaticano en 1869-1870 -Pastor Aeternus-, prohibe el cuestionamiemo de la Iglesia, puesto que el soberano pontífice, cuando se expresa o toma una decisión, no lo hace como hombre capaz de equivocarse, sino como representante de Dios en la Tierra, siempre inspirado por el Espíritu Santo, la famosa gracia de asistencia. ¿Debemos llegar a la conclusión, por lo tanto, de que el Espíritu Santo era profundamente nazi?

Mientras permanecía en silencio sobre la cuestión nazi durante y después de la guerra, la Iglesia no dejaba de tomar decisiones contra los comunistas. Con respecto al marxismo, el Vaticano dio muestras de un compromiso, de una militancia y de una fuerza que bien nos hubiera gustado verle utilizar para combatir y desacreditar el Reich nazi. Fiel a la tradición de la Iglesia que, por la gracia de Pío IX y Pío X, condenó los derechos del hombre como contrarios a la enseñanza católica, Pío XII, el famoso Papa, amigo del nacionalsocialismo, excomulgó en masa a los comunistas del mundo entero en 1949. Alegó la colusión de los judíos y el bolchevismo como una de las razones de su decisión.

A modo de información: ningún nacionalsocialista de las bases, ningún nazi del alto mando o miembro del estado mayor del Reich fue excomulgado y ningún grupo fue excluido de la Iglesia por haber enseñado y practicado el racismo, el antisemitismo o por haber hecho funcionar las cámaras de gas. Adolf Hitler no fue excomulgado, y su libro, Mi lucha, nunca formó parte del índice. Recordemos que después de 1924, fecha de publicación de ese libro, el famoso Index Librorum Pohibitorum agregó a su lista -junto a Fierre Larousse, culpable del Grand Dictionnaire Universel (!)- a Henri Bergson, André Gide, Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre. Adolf Hitler nunca figuró allí.»


(Michel Onfray: Tratado de ateología. Física de la metafísica, Barcelona, Anagrama, 2006, pp. 190-193)

La máquina de genes

«Aun la creencia de que las señales de comunicación animal se desarrollaron originalmente para fomentar el beneficio mutuo y luego, más adelante, fueron explotadas por partes malévolas, es demasiado simple. Bien puede ser que toda comunicación animal contenga un elemento de engaño desde el principio, ya que toda interacción animal involucra, por lo menos, algún conflicto de intereses. El siguiente capítulo nos presenta un vigoroso concepto relacionado con los conflictos de intereses analizados desde un punto de vista evolutivo.»


(Richard Dawkins: El gen egoísta. Las bases biológicas de nuestra conducta, Barcelona, Salvat, 2002, p. 85)

10 marzo 2011

E não se pode matá-los? Comuna Teatro de Pesquisa

E não se pode matá-los?
(versión de la obra
Billy escupe la muerte o Un fin de semana en casa de los Dupont
,

de Alicia Guerra de Aranguiz)
Versão cénica, dramaturgia e encenação: João Mota
Tradu
ção: João Maria André
10/marzo/2011
en Comuna Teatro de Pesquisa (Lisboa)

(fragmento/video)


«El hombre [...] muchas veces utiliza su inteligencia para refinar su crueldad»

Hay que ver cómo funciona para darse cuenta

«—Hay que ver cómo funciona para darse cuenta. Lo único que aquí sabemos es que tenemos una gran escuela dedicada a educar sacerdotes, y que ocasionalmente se hace una exhibición especial en algún rincón olvidado de la ciudad para beneficio de los peregrinos... y nada más. Todo este asunto apenas nos afecta de manera general. Pero en Anacreonte...

Lem Tarki alisó su barba puntiaguda con un dedo y se aclaró la garganta.

¿Qué clase de religión es? Hardin siempre ha dicho que sólo eran tonterías para que aceptaran nuestra ciencia sin hacer preguntas. Recuerde, Sermak, que aquel día nos dijo...

Las explicaciones de Hardin —recordó Sermak— no suelen tener mucha relación con la verdad. Pero ¿qué clase de religión es, Bort?

Bort reflexionó.

Éticamente, es perfecta. Apenas difiere de las diversas filosofías del viejo imperio. Alto valor moral y todo eso. Desde este punto de vista no tiene nada que envidiar. La religión es una de las grandes influencias civilizadoras de la historia en este aspecto. Rellena...

Ya sabemos eso —interrumpió Sermak, con impaciencia—. Vaya al grano.

Allá voy —Bort estaba un poco desconcertado, pero no lo demostró—. La religión, que la Fundación ha alentado y animado, tengámoslo presente, se basa en una línea estrictamente autoritaria. El sacerdocio tiene un control absoluto de los instrumentos científicos que hemos proporcionado a Anacreonte, pero sólo han aprendido a manejar dichos instrumentos empíricamente. Creen por completo en esta religión y en el..., uh..., valor espiritual de la energía que manejan. Por ejemplo, hace dos meses algún loco manipuló la planta de energía del templo de Thessalekia..., uno de los mayores. Naturalmente, voló cinco manzanas de casas. Fue considerado como una venganza divina por todo el mundo, incluyendo a los sacerdotes.

Lo recuerdo. Los periódicos dieron una versión resumida del suceso en aquel momento. No veo adónde quiere ir usted a parar.

Entonces, escuche —dijo Bort, ásperamente—. El clero forma una jerarquía en cuyo vértice está el rey, que está considerado como una especie de dios menor. Es un monarca absoluto por derecho divino, y el pueblo lo cree, profundamente, y los sacerdotes también. No se puede derrocar a un rey así. ¿Comprende ahora a lo que me refería?»


(Isaac Asimo: Fundación, Barcelona, DeBolsillo, 2010, p. 126-127)

Una psicosis masiva

«—Sí. Es una psicosis masiva, un incalificable pánico de masas. Por la Galaxia, Randu, ¿qué espera usted? Tiene aquí a toda una civilización basada en la ciega creencia de que un héroe popular del pasado lo tiene todo planeado y cuida de cada detalle de sus vidas. La pauta mental así evocada tiene características ad religio, y ya sabe usted lo que eso significa.

En absoluto.

A Mis no le entusiasmó la necesidad de una explicación. Nunca le había gustado dar explicaciones. Por eso gruñó, miró con fijeza el largo cigarro que enrollaba entre sus dedos y dijo:

Caracterizada por fuertes reacciones religiosas. Las creencias sólo pueden ser desarraigadas por una sacudida importante, en cuyo caso resulta un desequilibrio mental bastante completo. Casos leves: histeria, un morboso sentido de inseguridad. Casos graves: locura y suicidio.

Randu se mordió la uña del pulgar.

Cuando Seldon nos falla, o, en otras palabras, cuando desaparece nuestro escenario, en el que hemos descansado durante tanto tiempo, nuestros músculos se atrofian y no podemos movernos sin él.

Eso es. Una metáfora torpe, pero cierta.

¿Y qué me dice de sus propios músculos, Ebling?

El psicólogo filtró una larga bocanada de aire a través de su cigarro y dejó salir todo el humo.

Oxidados, pero no atrofiados. Mi profesión me ha procurado unos pensamientos independientes.»


(Isaac Asimo: Fundación e Imperio, Barcelona, DeBolsillo, 2009, p. 231)

03 marzo 2011

A cacatua verde. Teatro Dona Maria II

A cacatua verde (Arthur Schnitzler)
Co-produção Teatro Nacional Dona Maria II & Teatro da Cornucopia

Encenação: Luis Miguel Cintra
3/marzo/2011
en Teatro Dona Maria II (Lisboa)
(presentación/video)

«A morte é a máscara da revoluç
ão,
a revoluç
ão é a máscara da morte.»

11/02/2011

La vida es una sucesión de casualidades interrumpida por su ausencia. El once de febrero estaba en Murcia y acabé con Arenas en el Thader, centro comercial, donde fuimos a hacer algo de cuyo nombre no quiero acordarme. Aprovechando el kiosko que hay por ahí en medio al aire libre dijimos de tomarnos un café y fumarnos un piti. Cuál fue mi sorpresa al apoyarme en la barra para pedir dos cafés -a la camarera más inútil con la que he tropezado en mi vida- y observar esto:


Y digo: "Coño, Café Delta, éste es uno de los cafés que tomo en Lisboa". Así que cuando fui de Lisboa a Murcia me encontré con Lisboa en Murcia, y el día de la confluencia era capicúa: 11-02-2011.

02 marzo 2011

Tarde de escritores

Ayer por la tarde fui a unas charlas en el Instituto Cervantes. Correntes d'escritas. De camino vi un edificio en la Rua Alexandre Herculano y decidí comprármelo, pero una cosa es lo que decido y otra lo que hago, así que me limité a echarle una foto:

El Instituto Cervantes está situado tímidamente en la Rua Santa Marta, cerca de Marqués de Pombal, oculto por tres árboles y con un cenicero de pie en la puerta. No sé si he dicho que en muchos bares de Portugal se puede fumar.

En el Instituto había una exposición sobre Torrente Ballester, y tenían allí sus libros, sus anotaciones y toda la parafernalia en unas vitrinas, incluida la pipa, la Olivetti, la grabadora, los bolígrafos, las gafas, los bastones..., en fin, cosas de frikis:

Las charlas, en fin, más o menos. Se dijo alguna cosa interesante, muchas obviedades y tópicos sobre la palabra, alguna que otra burrada sobre cuestiones literarias y alguna nota de humor que puso David Toscana. Uno de los escritores dijo que, como él no era novelista, sino poeta, no hacía ficción. Con un par, sí señor. Cuando se pusieron a hablar de la ironía daban ganas de recomendarles la obra de Pere Ballart titulada Eironeia: la figuración irónica en el discurso literario moderno, o la Teoría de la relevancia de Sperber y Wilson, o la obra de Kerbrat Orecchioni, pero he de confersar que era divertido oír los disparates que decían a propósito del tema...


Los libros en Portugal son MUY caros. Al finalizar el acto tenían una mesa con el libro de Kirmen Uribe titulado Bilbao-New York-Bilbao, en la traducción portuguesa Os dois amigos, unas 250 páginas, para venderlo, pero a 16 €...